24 oct. 2011

UN SOLECITO CASERO - EL PRESENTE ES LO QUE CUENTA

A cada período de mi vida he hecho reflexiones sobre lo que ha quedado atrás. En cada etapa he hecho y deshecho maletas. Esta vez hablaré de mis viajes durante el trabajo y la energía que encontraba al regresar a mi casa. 

Mi trabajo consistía en viajar por todo el país. Trabajaba en un programa ligado al Ministerio de la Agricultura y era a nivel nacional. A veces salía por una semana, otras veces por diez días, otras por 1 mes. Incluso hice un viaje de hasta 3 meses a Israel. 

Saber que después de la tormenta con sus pro y contra, el viaje estaba tocando a su fin y podría relajarme en mi casa, en mi habitación, en mi nido, me procuraba la mayor felicidad. Ver a mi familia de quien me había privado de momentos hermosos…era como volver a la vida.

Las maletas iban de gordas a flacas dependiendo la duración del viaje. Pero para mi lo mejor era deshacer maletas y ponerlo todo en su lugar. Este pequeño trabajo era un hábito reconfortante, todo debía estar en orden. Defecto o cualidad? no lo sé. Preparaba todo de tal manera que para el siguiente viaje todo ya estaba listo. ¡Que sentimiento de autonomía y agilidad! 

Yo tengo mucho aprecio a la energía que vibra en mi y alrededor de mi. Cada uno estamos hechos de moléculas, de neutrinos, neutrones, células, neuronas, líquido, sangre etc. etc. pero cada uno llevamos un ADN diferente y único. Difícilmente lo encontraremos en otra persona o alojado en algún hotel, albergue, en la calle, playa o en el transporte que nos lleve a otra destinación.

Entonces...como la energía queda acumulada y vibrando en el lugar donde uno vive, es obvio que en la casa, en la cama, en la ropa, en todo lo que uno toca, debe estar muy impregnada nuestra energía, más que en lugares transitorios. Cuántos años viviendo en el mismo lugar. Cuántas horas durmiendo en el mismo colchón. Todo debe ser un hervidero de “mi energía". 

Este fenómeno es único. Claro, el colchón es un recipiente que recoge nuestra energía, 7 horas por noche, durante 30 días, por 12 meses. Si todo esto se multiplica por los años que llevamos acostados en el mismo colchón, veríamos que nuestro colchón se llega a parecer a un solecito casero, listo para reenviarnos nuestra propia energía cada que ponemos nuestro cuerpo en él.

Entonces, cada que llegaba de viaje, después de disfrutar con mi familia, tomaba una rica ducha tibia, un reconfortante café y me acostaba a reciclarme de mi propia energía. Mañana…sería otro día...Yo, disfrutaba de mi Momentum. 

Mi presente lo vivía al 100 %. Cada que viajaba me separaba no solo de los cuerpos físicos de mi familia sino también del decoro de la ciudad y de los amigos. Cada que avanzaba el carro, el avión o el barco, guardaba en uno de los cajones de mi cerebro todo lo que quedaba atrás. Vivía a plenitud mi nuevo presente. Esto me permitía gozar y disfrutar de mi nuevo ambiente y de las nuevas personas que me rodeaban.

Lo importante era manejar el cajoncito de mi pasado. Lo abría cada que quería ver y sentir a mis seres queridos, pues a través de este recuerdo, la proyección se hacía real. Incluso ahora, continúo con esta fórmula. El presente es lo que cuenta y me ayuda a vivir en paz.

Autora: Cecilia Zevallos Petroni


3 comentarios:

  1. Es tan agradable leer sus textos,que bien,que momentos y vivencias,seguir en los caminos,dia a dia,tanta verdad y sabiduría he sentido en este escrito "Un solecito casero".
    Un saludo amiga Ceciley.

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  2. Estimada Ceciley:
    Felicitaciones, encontré textos sumamente interesantes aquí. Gracias por compartir su blog.
    Especialmente le agradezco por la lectura de mi cuento, muchas gracias por sus conceptos.
    Gracias por ver la revista literaria con voz propia.
    Reciba un saludo cordial y mis deseos que esté muy bien
    Analía Pascaner

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  3. Maravilloso!!Estoy recorriendo todo tu blog!!Una maravilla de verdad!!besos!

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Vosotros sois luceros que alumbran el sendero que me lleva al inconmensurable espacio infinito. Mil gracias por dejarme vuestra estela luminosa.